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lunes, 8 de abril de 2013

EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ


EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ

¡ESE NO ME SALUDÓ!

Por Ramón Durón Ruiz

H

ay una hermosa frase que me encanta: “Piensa como adulto, vive como joven, aconseja como anciano y nunca dejes de soñar y vivir como un niño”. Pues precisamente eso es lo que le sucede al viejo Filósofo de Güémez, traigo todo el entusiasmo y la alegría de un niño, pues después de largo tiempo de arduo estudio académico, de  entrevistas y visitas al “Pueblo Mágico” de Tula Tamaulipas, sale a la luz el libro “VIDA Y TRASCENDENCIA EN UN PUEBLO MÁGICO, Ceremonias fúnebres que honran la vida”.

Me entusiasma mucho poder plasmar la riqueza de la tradición oral de un municipio lleno de historia, conocido antiguamente como la ciudad de los pianos, con innumerables atractivos culturales y turísticos, con una gastronomía excepcional, con más de 550 monumentos históricos catalogados por el INAH, con sus ex haciendas, –manifestación clara del poder económico de la región en la revolución–, con sus 13 barrios, con sus ocho cerros, cada uno protegido por una cruz “para que no entre el diablo o la cosa mala”.

Mientras en las grandes ciudades los mitos, los ritos, los simbolismos, el sincretismo religioso y las prácticas tanatoantropológicos están en extinción, en el “Pueblo Mágico” de Tula, las costumbres que apalancan la riqueza de la tradición oral, gracias a los cantadores, las rezanderas, a los “viejos” del pueblo están vigentes, su rico mundo de símbolos sitúa al ser humano como el centro de su cosmogonía.

En Tula, “Pueblo Mágico” sus muertos tienen maneras distintas develárseles a sus familiares: de manera onírica, mediante apariciones, ruidos, enfermedades. El sincretismo religioso cumple una función catártica y de alivio, ayuda a los dolientes a reconstruir su realidad, hace que la experiencia del duelo se viva, no se racionalice… ni se piense.

La muerte impacta en las 4 grandes áreas del ser humano: 1.-Física; 2.-Psíquica; 3.-Social y 4.- Espiritual. Sólo que se vive diferente. En las grandes ciudades el ritual funerario se ha empobrecido y ha ido desapareciendo o simplificando, se ha minimizado el rico mundo de símbolos, se roba al familiar el proceso del duelo, se presentan muestras de ostentación, en la medida de lo posible féretros caros, el proceso de velación se ha simplificado, la idea es que se haga perder el menor tiempo posible.

El llanto o el dolor se expresan en privado, es un imperativo social ocultar el dolor, la vestimenta negra después del funeral casi ha quedado en el olvido, pareciese que se rechaza el duelo de igual manera que se teme la finitud.

En las grandes ciudades el valor de la economía sobrepasa el dolor de la muerte, lentamente va habiendo un rompimiento entre ciencia y tradiciones, en muchas ocasiones se muere con los magnos avances científicos y el poder de la técnica… pero en la soledad de la terapia intensiva. En el “Pueblo Mágico” se accesa a la muerte con dignidad, apalancados en sus tradiciones, ritos, mitos, simbolismo y sincretismos religioso, rodeado de sus seres queridos, se muere en casa.

En las grandes ciudades se da a conocer el fallecimiento a través de las esquelas en los periódicos, de la televisión y la radio, su contenido es lacónico. Se tiene miedo a la muerte se pondera más lo económico que lo espiritual, ahí los ritos tanatológicos están en extinción

Por el contrario, en el “Pueblo Mágico” de Tula, se vive en torno a la tradición oral, el verbo conlleva al misterio de la vida y de la muerte, la palabra a la vez que es mística, alienta, reconforta, se participa la muerte a través de la oralidad,

A los niños se les permite presenciar los ritos funerarios, cumpliendo con su presencia una doble función, por una parte que conozcan su rica tradición oral y por otra, que al hablar y presenciar a la muerte se les proteja de la misma. En el funeral las lágrimas, el llanto lastimero, son socialmente aceptados, es una manifestación cultural que expresa dolor.

En Tula, “Pueblo Mágico” se privilegia los ritos, mitos tanatológicos, el sincretismo religioso, hay un rico ánimo de solidaridad en la comunidad, se venera a la estirpe; frente a la presencia de la muerte hay una pedagogía sencilla, una fuerte correspondencia entre la muerte, la familia, la comunidad y la tradición.

El humor se expresa en los velorios, es un proceso intrapsíquico natural que ayuda a acomodar lo que se debe acomodar, suaviza la resistencia al dolor de la partida.

Resulta que el campesino de allá mesmo pasaba por una casa en el mismo instante en el que salían cargando un ataúd, como sus abuelos lo enseñaron, se quito el sombrero, inclino su testa –en señal de respeto– al mismo tiempo que los que cargaban el féretro le saludaban:

¡Ese Filósofo! –dijo uno;

¡Filósofo! –espeto otro.

¡Heeyyy Filósofo! –dijo el tercero.

¡Amigo Filósofo! –saludo el cuarto.

El viejo campesino correspondió con un respetuoso saludo. Pasos adelante al colocarse el sombrero, su acompañanta le dice: Oye Filósofo… ¿Quién será el muerto?

Po’s yo creo que el que va en la caja… ¡ese no me saludó!

filosofo2006@prodigy.net.mx/Facebook: filosofoguemez/Twitter: @filosofoguemez

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