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miércoles, 13 de noviembre de 2013

EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ


EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ


Por Ramón Durón Ruiz

C

onfucio, afirmaba: “¿Me preguntas por qué compro arroz y flores? Compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir.”

Que trascendente es que el ser humano tenga algo porque vivir. Al viejo Filósofo lo mueven tres fuentes de inspiración:El amor, el miedo y tener una vida bien vivida –y si se puede mejor bebida–; las tres son caminos que me enseñan que hay otras formas de ver el universo.

El amor es un principio metafísico innato que me conecta con mi divinidad interior, es la fuente de mis emociones primarias, que me lleva a ser feliz en el aquí y el ahora; el miedo, parte de un vacío existencial, que es la base de muchas enfermedades, cuando eres sabio, sabes aprovechar el miedo como viento a tu favor, para impulsarte a crecer tanto como en el amor;tener una vida bien vivida, me conduce a tomar conciencia ¿Para qué vivo? trabajando para trascender.

Los tres me llevan a ser mi propio maestro, a saber que los milagros se presentan de forma natural, siempre que tenga mimente, cuerpo y alma predispuesto para recepcionarlos, me conducen a entender que las respuestas a las interrogantes de la vida, están en mi interior.

El Filósofo sabe que su vida es como un avión… no tiene reversa; es decir que estoy como los borregos, para ir para adelante, que para atrás ni pa’ agarrar vuelo; el mundo del Filósofo gira en torno a un camino, el sentido de la obviedad, porque eso es, un sentido de vida que te conduce a vibrar con lanaturaleza, a tomar conciencia de ¿Qué hacer con el momento presente?

¿Qué es el presente? Eso… ¡UN PRESENTE!, que te acerca a las fronteras de lo imposible, un regalo que Dios le da al campesino de allá mesmo,pa’ que se encuentre con el sino de su vida. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española dice que “Obviedad es:1.f. Cualidad de obvio.2. f. Manifestación o proposición obvia.”

Es decir, es una situación, palabra o cosa que no requieren de un sabio esclarecimiento, porque salta a la vista. En muchas ocasiones nos preguntas ¿Sabes esto?–¡Obviamente! Aunque no sepamos, nuestros paradigmas, que son creencias limitantes sembradas en nuestra infancia, nos dicen que negarlo, es quedar en evidencia de ignorancia.

El trabajo del Filósofo gira y vibra en torno a la obviedad. Recientemente tuve el honor de aprender en un mano a mano con mi maestro y amigo Armando Fuentes Aguirre “Catón” en la Facultad de Ingeniería de la UANL, antes de dar mi conferencia, le pregunto a la secretaria del Director: ¿Dónde está el baño?

¿El de hombres? –Me responde.

Obviamente…¡Pero si quiere métame en el de mujeres!

La ocasión anterior fui invitado a una entrevista a un programa radiofónico de la ciudad de México, en la entrada del estacionamiento me recibe un guardia, que con palillo en la boca me pregunta: ¿A ‘onde vas? Vengo a una entrevista al programa… con… buscando en la tabla que tiene en el cuarto de vigilancia, al minuto, levantando la pluma para que pase, con inigualable sabiduría me dice: Estaciónate… ¡Onde no haya carro!

¡Claro! –Le respondo con sorna picardía– de ‘endejo me le subo a un carro que este estacionado.

El mexicano vibra con el sentido de obviedad a flor de piel.

Llega una mujer con el abdomen visiblemente abultado a una oficina, la secretaria la ve y le pregunta:

— ¿Estás embarazada? Pos que crees que me hizo daño la carne asada.

La ocasión anterior iba a dictar una conferencia, en la sección del estado del tiempo de las noticias, daban cuenta que un ciclónafectaba a la región, llamo a la oficina de la organizadora: ¡Bueno!, ¿Disculpe está la Directora?

No está, ¿Gustas dejar mensaje?

Mire usted –Le respondí– estoy por salir a tomar el avión y necesito me diga si se suspende el evento o seguimos adelante. ¿Me puede dar el número de su celular, para llamarle?

¡Claro! toma nota, me da el número y me dice: — Llámale… ¡aquí lo dejo, pero tú llámale!

A través de la obviedad, te das cuenta que no estas vivo por casualidad, describes la rica policromía de nuestro mundo;al tiempo queimpecablemente pasa, llevándose muchas cosas del Filósofo; le pido que ayude a no extraviar el sentido de obviedad. La obviedad es el signo, el santo y seña de nuestro tiempo:

¡Perdí el celular! –¿Dónde lo dejaste?

— “¿Te caíste?... –No así beso a la madre tierra.”

En esa vía del sentido de obviedad, se desarrolla el humor y la ingenuidad provinciana del viejo Filósofo que parafraseando a Mark Twain dice:Me encanta el paraíso por el clima; el infierno… ¡por la compañía!”

www.filosofoguemez.mx

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