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miércoles, 20 de noviembre de 2013

EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ


EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ

EL BUEN FIN Y EL DINKY

Por Ramón Durón Ruiz

S

abiamente Paulo Coelho afirma: “La razón teme la derrota, pero la intuición disfruta la vida y sus desafíos.” Para el viejo Filósofo la intuición esun principio metafísico, una innata capacidad para conectarte con tu Divinidad Interior y con el universo, para encontrar respuestas a tus preguntas.

“En 1620 un grupo de cristianos europeos embarcó rumbo a América. Llegaron a la costa de Massachusetts en noviembre, con invierno muy duro. Los colonos nos pudieron resguardarse de las inclemencias del tiempo por falta de recursos y casi la mitad de ellos murió antes de primavera.

Los que sobrevivieron, lo hicieron gracias a la ayuda que les proporcionaron los indios Wampanoag. El siguiente otoño, en 1621, los peregrinos obtuvieron una buena cosecha y en agradecimiento a la ayuda recibida el año anterior, decidieron celebrarlo invitando a sus 'anfitriones' a una gran cena. Este fue el inicio del Día de Acción de Gracias.

Se declaró día oficial en el año 1863 a instancias del Presidente Lincoln y en 1941, el Congreso de los Estados Unidos lo proclamó como festivo. El cuarto jueves de noviembre es también el momento de ayudar a los menos afortunados. Entienden la jornada como un tiempo para reflexionar acerca de todas las bendiciones recibidas y para expresar agradecimiento.”1

Con esa genialidad que el mexicano tiene, el Gobierno Federal y la iniciativa privada establecieron con singular éxito EL BUEN FIN, buscando por una parte contrarrestar las ofertas que en los EEUU se promueven, con el Día de Acción de Gracias, y por otra reactivar el mercado interno.

Pero no faltaron los prietitos en el arroz, con comercios que se pasan de listos, con falsas promociones, ofertando productos a precios que dan risa, como una foto que se publicó en la primera plana en un prestigiado periódico,en donde se oferta un minicomponente de $6,000.00, a $5, 999.00

“Tan excepcional” oferta me recuerda a Don Diego, querido comerciante de la calle Hidalgo de mi tierra, propietario de “La Carolina”, que durante décadas fue el lugar de compras por excelencia de los victorenses, ofertaba los tenis que tenían años en el aparador y que estaban tostados porlos rayos del sol “Tenis de $100.00 a $99.95” .

En los anaqueles y aparadores de la tienda de Don Diego,había de todo –como en botica. Las anécdotas que están en el justo equilibrio entre el invento popular y la realidad, cuenta el siguiente sucedido: “Ciertodía llegó hasta el establecimiento –mi querido amigo– el afamado luchador profesional Dinky “El Duende”(Q.E.P.D.),quien por ese tiempo era un luchador enmascarado formidable, ocultando su identidad, aunque la gente no entendía por qué, ya que con su defecto físico -un brazo hecho gancho que sólo llegaba a la mitad-, cualquiera lo identificaba en la calle.

El gladiador del pancracio, preguntó al tendero:––Don Diego, necesito con urgencia que me venda una máscara, como usted sabe, soy luchador profesional enmascarado, y ¡CON LA MÁSCARA ME TRANSFORMO!, pero mis chamacos que de seguro van a ser luchadores, me la perdieron y hoy lucho por la noche en la Plaza de Toros, requiero, ¡pero a la voz de ya!, una máscara.

––¿Máscaras para luchador? creo que ya no tengo. ––Contestó amablemente el dueño de “La Carolina”

––No me ‘ingue Don Diego, todos sabemos que aquí usted tiene de todo, ¡búsquele por ahí!, de veras que la necesito urgente, es que ¡CON LA MÁSCARA ME TRANSFORMO!

––Pues fíjese que no tengo. Pero por qué se apura, usted es excelente luchador, luche sin máscara… y todo arreglado.

––¡No puedo señor!, necesito la máscara, pues la lucha es mascara contra cabellera y además cuando me la pongo ¡ME TRANSFORMO EN UNA FIERA INDOMABLE! y así masacro a mis rivales.

––¡Don Diego!, –intervino la ayudante–, me parece que en la bodega hay una máscara.

Don Diego, el conserje, la dependiente y Dinky “El Duende”, penetraron a la trastienda donde después de levantar cajas y cajas, efectivamente en el fondo del local había una máscara. El luchador se alegró del hallazgo y después de quitar tierra y telarañas de la seda, se colocó la capucha y al hacerlo inmediatamente con su mano buena y con la otra ganchuda empezó a golpearse la cabeza, a la  vez que lanzaba desaforados gritos, se proyectó de tope contra los anaqueles yla pared. La gente de “La Carolina”, estaba anonadada con lo que veían.

–– ¡Es verdad! –Exclamó alertada y hasta un poco asustada la muchacha–¡LA MÁSCARA HACE QUE SE TRANSFORME!…¡

Después de 3 minutos de la extraña transformación, de darse topes contra la pared y golpearse en la cabeza, entre Don Diego, el conserje y la dependienta, le quitaron la máscara y lo primero que vieron fue una docena de enfurecidos alacranes que le habían dado una recia al afamado luchador profesional.

1.http://www.consumer.es/web/es/alimentacion/en_la_cocina/menus_especiales/2006/11/27/157605.php

www.filosofoguemez:mx

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